El islam y la no representación: una mirada histórica

Haidar Ali Zapata Ochoa

Haidar Ali Zapata Ochoa

Artista Plástico e Historiador del Arte

www. haidarstudio.com

El tema de la representación figurativa en el islam ha atravesado distintos momentos históricos y ha cobrado especial visibilidad en episodios contemporáneos tan polémicos como las caricaturas de Charlie Hebdo o las publicadas por el periódico danés Jyllands-Posten el 30 de septiembre de 2005¹. Estos hechos suscitaron un intenso debate mundial sobre la libertad de expresión y la tolerancia religiosa.
Mucho se ha escrito acerca de las razones por las cuales en el islam no existe una tradición consolidada de representación figurativa de personajes como Mahoma, María o incluso Dios. Sin embargo, esta práctica de abstracción artística responde más a procesos históricos que, con el tiempo, se convirtieron en canon, que a una prohibición explícita consignada en el Corán².

El debate era complejo: ¿es posible representar a Dios? ¿Cómo capturar lo divino en una imagen? ¿Es legítimo intentarlo?

Abordar las manifestaciones artísticas anteriores al islam exige estudios particulares, pues, al igual que el cristianismo, el islam fue una religión expansiva.

Las formas, estilos y nociones artísticas variaron enormemente en los territorios donde se estableció. Los procesos de conquista llevados a cabo por los distintos califatos permitieron que cada región desarrollara expresiones artísticas propias, integrando su legado iconográfico y simbólico a las nuevas formas islámicas.

Así, aunque hoy identificamos una cierta homogeneidad visual en el arte islámico, su consolidación histórica fue diversa y profundamente marcada por el contexto local³.

De hecho, solo hacia mediados del siglo XIX comenzó a perderse gradualmente esta heterogeneidad, y la representación figurativa quedó prácticamente relegada en muchos contextos musulmanes.

 

Representar una deidad

La discusión sobre la representación de lo divino no es exclusiva del islam. Entre los siglos VIII y XI, el Imperio Bizantino vivió una profunda crisis conocida como la querella iconoclasta, es decir, la controversia en torno a la legitimidad de los íconos sagrados⁴. Desde el siglo V, mosaicos e imágenes habían inundado los templos de la Iglesia ortodoxa, y su veneración llegó a ser considerada excesiva por algunos sectores políticos e intelectuales. En el año 726 d.C., el emperador León III inició una reforma iconoclasta que prohibió y persiguió la producción de imágenes religiosas⁵.

El debate era complejo: ¿es posible representar a Dios? ¿Cómo capturar lo divino en una imagen? ¿Es legítimo intentarlo? Mientras algunos defendían la prohibición, otros, como Juan Damasceno (Juan Mansur), se erigieron como firmes defensores del uso de imágenes sagradas⁶.

Resulta especialmente interesante que Juan Damasceno naciera en Damasco durante el califato omeya. Aunque fue teólogo cristiano, su formación se dio en un contexto islámico. Este hecho evidencia que, en los primeros siglos del islam, no existía una prohibición categórica y universal respecto a la representación figurativa. Por el contrario, la historia muestra una realidad más matizada.

El islam nace en el siglo VII con la revelación del Corán en lengua árabe. A diferencia del Nuevo Testamento, que fue compilado décadas después de la muerte de Jesús, el Corán fue proclamado por el propio profeta Mahoma. La figura del Profeta y el texto revelado están profundamente vinculados: Mahoma transmite el mensaje, y el Corán constituye su manifestación textual. Esta relación estrecha entre palabra revelada y lengua árabe otorgó a la escritura un papel central en la cultura islámica⁷.

Mientras el cristianismo desarrolló una fuerte tradición visual basada en la vida de Jesús, los profetas y los santos, el islam orientó gran parte de su creatividad hacia la palabra escrita. El poder del texto sagrado no radicaba en la imagen, sino en la palabra. De allí que la caligrafía alcanzara un desarrollo artístico extraordinario. La expansión del islam no solo difundió una religión, sino también una lengua y una estética basada en la escritura⁸.

El islam y su diferenciación histórica

Hacia el siglo XII, la querella iconoclasta había sido superada en el mundo bizantino, donde triunfó la representación figurativa de lo sagrado.

En el vasto territorio islámico, que se extendía desde Ghazna hasta Córdoba, la imagen también tuvo presencia, especialmente en contextos cortesanos y aristocráticos. Entre los siglos XIII y XVI —particularmente en Persia y en el mundo otomano— se produjeron numerosas miniaturas que representaban a Mahoma, a menudo en el contexto de su viaje místico nocturno (isra y mi‘ray)⁹.

En muchas de estas imágenes, el rostro del Profeta aparece cubierto por un velo o envuelto en una llama luminosa, como gesto de respeto.

Estas tradiciones florecieron especialmente en regiones como Irán y Turquía, donde el árabe no era lengua materna.

Manuscritos ilustrados, textos históricos y poéticos incorporaron representaciones figurativas, incluyendo imágenes del Profeta. El objetivo no era trivializar la figura sagrada, sino conmemorar episodios centrales de la fe¹⁰.

Si existió una tradición figurativa significativa, ¿por qué terminó imponiéndose una postura más restrictiva? Parte de la respuesta puede encontrarse en los procesos coloniales de los siglos XVIII y XIX.

La expansión europea, acompañada de la imprenta y la circulación masiva de imágenes, generó tensiones culturales profundas¹¹. En este contexto surgieron movimientos reformistas que propugnaban un retorno a un “islam puro”, como el liderado por Muhammad ibn Abd al-Wahhab en la península arábiga.

Estas corrientes promovieron una mayor cautela —e incluso rechazo— hacia la representación de figuras sagradas. Gradualmente, los retratos del Profeta dejaron de producirse en muchos lugares, y se consolidó una retórica más crítica frente a la imagen¹².

No obstante, la historia demuestra que el islam no ha sido monolítico en este asunto.

Mientras en algunos contextos la representación figurativa se desaconsejó o abandonó, en otros persistieron tradiciones visuales significativas.

Tal vez, entonces, la pregunta no deba centrarse exclusivamente en si las imágenes están o no permitidas, sino en comprender cómo distintas sociedades musulmanas han desarrollado, a lo largo del tiempo, formas diversas de expresar lo sagrado.

Notas

  1. McManus, J. (2015). ¿Siempre han estado prohibidas las imágenes de Mahoma? BBC News Mundo.
  2. Klein, F. (2009). Arte e Islam. Mahoma y su representación. Aposta. Revista de Ciencias Sociales, (40), 1–22.
  3. Klein, 2009.
  4. Pablo, L. J. (2013). La Querella Iconoclasta: Sus consecuencias en los ámbitos artísticos, religiosos y políticos. XIV Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia.
  5. Pablo, 2013.
  6. Bacarreza, C. M. S. (2010). San Juan Damasceno, teólogo de las imágenes. Historias del Orbis Terrarum, (4), 3–33.
  7. Ochoa, F. O. (2005). El árabe: la lengua sagrada del islam. Revista La Tadeo, (71).
  8. Ochoa, 2005.
  9. Gruber, C. J. (2015). Las imágenes de Mahoma en el Islam. Afkar ideas, (45), 70–72.
  10. Gruber, 2015.
  11. Klein, 2009.
  12. McManus, 2015.

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